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Buen día periodistas

Los periodistas cuentan historias. Salen a la calle a encontrar en el rostro y en la piel de la gente la memoria. Las historias están en las esquinas, en los barrios, en lo que sucedió, sucede y sucederá. Las historias se cuentan con los cinco sentidos, con la estética que propone una ciudad, con la estética urbana, con la mirada de un asesino, con las lágrimas de las víctimas. Los transeúntes caminan con las historias guardadas en el morral. Salen por la mañana de su casa recorren la ciudad y esperan encontrar alguien que revele su verdad. Cruzan los semáforos, se encuentran con otras historias, se suben a un bus y ven la ciudad enmarcada en una ventanilla como si fuera una obra de arte intocable. El transeúnte tiene las historias y el periodista cuenta las historias transeúnte.

El FolKlor Macondiano

Por Sandra M. Betancur Cordero
samabeco87@hotmail.com

Lo confieso, nunca me he tomado el tiempo de leer diarios como “La Chiva” que de un momento a otro, sin una buena razón aparente pasó a llamarse Q´hubo. No puedo calificarlos de malos porque no los leo, simplemente sus contenidos no van de la mano con mis intereses literarios.

Para ser más sincera aún, no entiendo porque tantas personas son seguidoras de este tipo de periódicos sensacionalistas, sin embargo, ayer conocí la razón…

Al salir del trabajo, pedí un taxi porque estaba muerta y quería llegar a casa lo más pronto posible, tras abrir la puerta del carro amarillo un señor muy amable me recibió con una gran sonrisa, entre mi lugar de destino y la conversación cotidiana el conductor me preguntó si creía en las historias maravillosas, yo conteste que sí, con una sonrisa de regreso.

El señor sorprendido de mi sonrisa, me preguntó por el motivo de la misma, en respuesta yo expuse que mi razón no era otra que me parecía chévere que las personas aún crean en historias ilusorias en un mundo en el que agoniza día a día la fantasía. Tras esta explicación, algo existencial, el conductor comenzó a relatarme una historia de espíritus, fantasmas y creyentes que sucedió, según él y la publicación, en el cruce de la carrera 65 con la Iguaná, una historia, que sin negarlo, me pareció excelente, pero lo que más me sorprendió fue que el conductor se aterrara de que yo no conociera dicha historia, que según él fue publicada en “La Chiva” a comienzos del presente año.

Independientemente de mis preferencias por leer Q’hubo o no, si la considero buena o no, en realidad, no tiene importancia. Puedo decir que encontré una justificación a su existencia. Las historias que allí se narran hacen parte de la idiosincrasia colombiana, así como las novelas que siempre cuentan la misma historia con caras, escenarios y vestuarios diferentes. A los colombianos nos gustan las historias fantásticas, sin importar de dónde vengan o qué tan ciertas son, somos una cultura que cada día aguarda por descubrir el misterio macondiano oculto a la vuelta de la esquina.

Y me encanta Colombia porque aún se puede creer en la fantasía, aunque sea barata…